Los desastres naturales aumentarán pero sigue sin tasarse el riesgo

Queda mucho para superar la pandemia pero ya se asume que será el mayor evento y más caro para la industria aseguradora en toda su historia. Pero ni de lejos, ni con toda la carga personal, social y económica, se podría asemejar al impacto de los grandes desastres naturalesEl problema es que no se ha tasado el riesgo climático, no se le ha puesto precio. La solución está en…

Más eventos y más frecuentes parece ser el consenso de lo que ocurrirá en el futuro. La solución pasa por tasar el riesgo climático pero es la asignatura pendiente. Lo valora Rafael Montoya, director de Transferencia Alternativa de Riesgos, Medioambiente y Climatología de Willis Towers Watson, que llama la atención sobre el hecho de que aunque el Covid ha dominado el debate sobre siniestros catastróficos en 2020, "no podemos perder de vista el enorme impacto de otros desastres naturales que, aunque de menor envergadura, también han afectado al sector". La evidencia está en que el pasado año las pérdidas aseguradas por grande catástrofes naturales rondaron los 78.000 millones de dólares, lo que supone el cuarto mayor coste total desde 2011 y se sitúa además un 11% por encima de la media de la última década, según los datos de Willis Re.

La pandemia por el Covid-19 podría convertirse en el evento global más caro de la historia para la industria aseguradora. Sin embargo, "muchas compañías no han sido capaces de cuantificar aún el impacto y coste que la crisis sanitaria va a tener en sus negocios. El virus ha contribuido a acelerar notoriamente el endurecimiento del mercado asegurador en 2020; a 9 de noviembre, los datos más actualizados de que disponemos, la cifra total de pérdidas y reservas estimadas del sector asegurador generadas por Covid-19 ascendían ya a cerca de 22.400 millones de euros. Y la pandemia no está superada", advierte Rafael Montoya.

Pero la realidad es que las catástrofes naturales se producen y se seguirán produciendo. En España el último ejemplo ha sido el paso de la borrasca Filomena. "Borrascas, seísmos, huracanes, tormentas de diversa intensidad… Las catástrofes y pérdidas -humanas y económicas- que causan los fenómenos naturales han estado, están y estarán. Y crecen, en número y fuerza, conforme va avanzando el cambio climático.  Una realidad que se impone pero frente a la que vamos rezagados a la hora de proteger a la sociedad y a las empresas", señala el experto de Willis Towers Watson, que alude a la importancia de "poder fijar el precio del riesgo climático, una asignatura aún pendiente para el sector de infraestructuras y con gran impacto en el mercado asegurador".

Invertir y tasar

Rafael Montoya esgrime que es crucial invertir en infraestructuras más resilientes, "con mayor nivel de adaptación durante toda su vida útil a eventos climáticos cada vez más extremos y preparadas para contrarrestar su impacto. Hemos de adaptar nuestras redes de transporte, viviendas, sedes administrativas, hospitales, centros educativos, empresas, aeropuertos, etc. para hacer frente a las inundaciones, olas de calor, sequías, ciclones, incendios forestales y otras situaciones graves que, con toda seguridad, vendrán durante las próximas décadas".

¿Cómo afrontar la resiliencia de las infraestructuras? Uno de los mayores desafíos es tasar el riesgo climático físico para introducirlo en la toma de decisiones de cara a la inversión, argumenta. Es una de claves que pone como ejemplo precisa para conocer "qué parte de la inversión procedente de los fondos europeos para la recuperación post-Covid que vamos a recibir debería incidir directamente en la construcción o actualización de infraestructuras para que estas sean realmente resilientes al cambio climático, y si esta cantidad es suficiente o, irremisiblemente, se necesitaría la confluencia de capital público y privado; aspecto por el que desde Willis Towers Watson nos decantamos".

Las infraestructuras permiten el flujo de bienes, servicios y personas y a su vez que prosperen las sociedades, explica en ese contexto Rafael Montoya, "por lo que garantizar su capacidad para soportar los vaivenes del cambio climático es algo que debe abordarse con urgencia".

Otro de los aspectos que resalta es el coste de incorporar el riesgo climático físico para fijar precios "no es elevado en comparación con los beneficios: el 3% como media de inversión de capital adicional por cada dólar invertido generará 4 dólares de valor económico global".

Por último apunta que existe una "gran necesidad -y oportunidad- de construir infraestructuras resilientes a un cambio climático que, de momento, no parece vaya a detenerse. Las condiciones para lograrlo se dan. Hay que ponerse manos a la obra".